Cómo creer que alguien piense que eres gris y lluviosa, cuando a mi me has dado tanta luz? Si volviera a nacer y pudiera elegir mi regazo de acogida, sin duda, te elegiría a ti. Porque me has cuidado todos los días de mi vida, hasta cuando he estado lejos y confundida. Porque cuando no había nadie siempre estabas tú, para llevarme de la mano, para abrazarme cuando me quedaba escondida en algunos de tus rincones. Has sido siempre tan buena, tan amable y generosa, es tan fácil estar en ti, que nunca me cansaré de quererte. Y a veces me pregunto, por qué me habré merecido nacer aquí?, y por muy malas pasadas que me juegue la vida, y vaya donde vaya, siempre me podré guardar esa fortuna, haber nacido, vivido, sufrido y disfrutado aquí, en mi querida Compostela.
Has prolongado todas esas risas en el eco de tus soportales, me has dejado caminar sin rumbo y a deshora para perderme, encontrarme y reencontrarme, y para enseñarme las caras de la gente que sin ti nunca hubiera visto, porque tu las acogiste junto a mi, y dejaste que me cruzara con ellas en cualquier parte de ti, porque tu belleza es infinita. Permitiste que tocara ese corazón de piedra, que pisara todos esos charcos que nunca me cansaré de pisar aunque me mojes los pies. Siempre recordaré las tardes al sol, acostada sobre las piedras, inventando las formas de las nubes, pensando si Santiago estaría bien allí arriba, si algún día soñó con bajar, y soñando con volar en ese caballo que da la sensación de que un día va a salir galopando por el aire. Y me pregunto, donde irá?
Tu has puesto un bálsamo a todas las heridas del corazón, me has guardado los zapatos durante todo el tiempo que yo quería ir descalza. Y eres tan fina, tan perfecta en tus formas, que no me he hecho daño ni una sola vez. Has desarrollado todos mis sentidos y toda mi pasión, me has enseñado a descubrir, a esperar, a sorprenderme, a observar, a apreciar, a olvidarme, y a valorar. Me acompañas por mi vida, con toda la carga de emoción, y cuando se rompe, siempre sabes como reponerla. Siempre estás atenta a cada detalle, como yo lo estoy a los tuyos. Me has enseñado hasta a llorar. Cuando todo está oscuro, en tus calles siempre hay luz, siempre hay un hueco especial, siempre hay “algo”, siempre estás tú y tu gente, y yo..
Y más allá, no contenta con ser maravillosa por ti misma, me has dejado disfrutar de mi color favorito, el verde. He crecido con los árboles, con la hierba, y tan cerca de ti... He tenido mucha suerte.
Aquí, Compostela, me enseñaste la lección más grande de mi vida, aprender a vivir. Y por eso me levanto cada día. Mañana volveremos a bailar una ‘muiñeira’ y te volveré a abrazar, para que se me pegue algo de tu forma especial de ser. Ya se ve la luz.. ya se escucha tu preciosa melodía...
Silvia C.
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