El miembro, la miembra..
Cualquier día nos encontraremos con que ya no sabemos hablar ni escribir, porque me he fijado que últimamente no hacen más que proliferar palabras nuevas, y eso, a fin de cuentas, viene a ser un trabajo añadido al día a día de cualquier persona, pues es nuestra responsabilidad hacer que esas palabras tengan sentido no?.
Pongamos por caso el verbo "correr". Para que esa palabra exista tiene que haber alguna persona, en cualquier parte, que alguna vez en la vida haya realizado la acción de correr. Pues así pasa con todo. Por si no tuviésemos suficientes ocupaciones en nuestra vida, también nos toca encontrar cada día un significado para que las palabras tengan su propia vida.
Quién hace los diccionarios? quién se cree con tanto poder para crear palabras y lanzarlas al mundo para que cobren vida? Es verdad que las palabras son necesarias, pero, no nos estaremos pasando?
Veamos otro ejemplo:
Definición de "perfecto" por el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua: que posee el grado máximo de una determinada cualidad.
De veraaaas? Quién? Cuándo? Dónde? Qué? Cómo?.. Si ya lo decía yo, hay palabras que sobran, porque vamos a ver, yo creo que no existe la frase perfecta, ni personas perfectas, de hecho creo que no debería existir una palabra que se pronuncie “perfecto”, aunque la pronunciación te salga perfectamente. Acaso no es “perfecto” una palabra inútil? Pues nos toca a nosotros preocuparnos por buscar en nuestros días algún significado que se le aproxime. La vida es perfecta!!!
martes, 22 de julio de 2008
jueves, 10 de julio de 2008
Límites..
Creo que hay una nube blanca eternamente grande
haciendo equilibrios en la punta más saliente de un acantilado.
En un extremo tiene un banquito donde siempre da el sol,
y allí vas y te sientas con los piés colgando a contemplar la vida.
La sensación es de que te caes, tú al borde de un inmenso mundo.
Gente al azar, gente conocida, gente importante, gente indiferente.
Y de repente ves que alguien llega y también se sienta en el banco,
y te hace pensar, como habrá llegado allí?, donde se ha apoyado?,
y recuerdas que hay donde pisar, y que tu pasaste por ahi,
por donde tocabas firme, recuerdas que hay algo más que el vacío.
Ese es el aprendijaze al haber alcanzado ese lugar.
Hay que tener valor para llegar al límite y mantener el equilibrio.
Silvia. Escrito un día cualquiera, no recuerdo cuando, pero si el por qué..
Creo que hay una nube blanca eternamente grande
haciendo equilibrios en la punta más saliente de un acantilado.
En un extremo tiene un banquito donde siempre da el sol,
y allí vas y te sientas con los piés colgando a contemplar la vida.
La sensación es de que te caes, tú al borde de un inmenso mundo.
Gente al azar, gente conocida, gente importante, gente indiferente.
Y de repente ves que alguien llega y también se sienta en el banco,
y te hace pensar, como habrá llegado allí?, donde se ha apoyado?,
y recuerdas que hay donde pisar, y que tu pasaste por ahi,
por donde tocabas firme, recuerdas que hay algo más que el vacío.
Ese es el aprendijaze al haber alcanzado ese lugar.
Hay que tener valor para llegar al límite y mantener el equilibrio.
Silvia. Escrito un día cualquiera, no recuerdo cuando, pero si el por qué..
lunes, 7 de julio de 2008
Sausalito.
San Francisco. Entonces mis ojos miraban con 19 años de existencia..
Después de haber hecho ese viaje nunca olvidé un lugar, se llamaba Sausalito. No sé por qué se me quedó en la cabeza como un sitio especial, y a veces pienso en él, y sigo sin saber por qué.
Lo descubrí al cruzar la Bahía de San Francisco por el gigante rojo, el Golden Gate. Atrás quedaba una inmensa ciudad cubierta de una neblina de contaminación, aunque no por ello dejaba de ser una ciudad preciosa e impresionante. A un lado, en medio de la bahía, se encontraba una isla de película, Alcatraz, si.. Alcatraz existe y todo el mundo se queda mirando hacia ella. Pero entonces vino lo mejor, al pasar el puente, un poco más adelante, así sin más, sin llamar la atención, había una colina y un pueblo al lado del mar, era Sausalito. Tan curioso nombre como curioso su paisaje.
Sausalito conserva aún su esencia de pueblo marinero junto con casas que parece que no se pueden habitar porque se van a romper. Para mi es un pueblo que supo abrirse hueco al lado del gigante rojo, al lado de la gran ciudad, casi escondido pero que se presta a descubrirlo. Entonces, yo no sabía si era un sitio turístico o si quizás era la última opción una vez visto San Francisco, pero para mi fue una gran sorpresa encontrármelo sin pensar, sin saber de su existencia. No sé que tenía, era algo especial, allí en su esquina, encajado en un lugar que se había hecho perfecto. Sin querer, nos convertía en especiales a los que teníamos la oportunidad de estar allí, alejados del tumulto, de la grandiosidad que acabábamos de cruzar hacía solo unos instantes. Quizás esa sea su magia, saber estar.
Desde entonces, llevo pensando toda mi vida que a cada uno de nosotros nos espera un Sausalito, un hueco especial que ocupar en esta vida, en la nuestra, en la de los demás, en el mundo. A veces estamos demasiado ocupados buscando en el tumulto, en el ritmo de vida que se nos quiere imponer o que nos toca pasar, y no encontramos el lugar, pero seguro que está ahi, tan cerca, tan sencillo, tan bonito, tan especial. Seguro que muchas veces estamos en Sausalito sin saberlo, porque si algo hay que aprender en esta vida es a hacer que lo que te toque se convierta en Sausalito. Todos tenemos que saber encajar en nuestro hueco, eso nos hará tener luz casi sin saberlo.
Silvia. Escrito en Mayo del 2007.
San Francisco. Entonces mis ojos miraban con 19 años de existencia..
Después de haber hecho ese viaje nunca olvidé un lugar, se llamaba Sausalito. No sé por qué se me quedó en la cabeza como un sitio especial, y a veces pienso en él, y sigo sin saber por qué.
Lo descubrí al cruzar la Bahía de San Francisco por el gigante rojo, el Golden Gate. Atrás quedaba una inmensa ciudad cubierta de una neblina de contaminación, aunque no por ello dejaba de ser una ciudad preciosa e impresionante. A un lado, en medio de la bahía, se encontraba una isla de película, Alcatraz, si.. Alcatraz existe y todo el mundo se queda mirando hacia ella. Pero entonces vino lo mejor, al pasar el puente, un poco más adelante, así sin más, sin llamar la atención, había una colina y un pueblo al lado del mar, era Sausalito. Tan curioso nombre como curioso su paisaje.
Sausalito conserva aún su esencia de pueblo marinero junto con casas que parece que no se pueden habitar porque se van a romper. Para mi es un pueblo que supo abrirse hueco al lado del gigante rojo, al lado de la gran ciudad, casi escondido pero que se presta a descubrirlo. Entonces, yo no sabía si era un sitio turístico o si quizás era la última opción una vez visto San Francisco, pero para mi fue una gran sorpresa encontrármelo sin pensar, sin saber de su existencia. No sé que tenía, era algo especial, allí en su esquina, encajado en un lugar que se había hecho perfecto. Sin querer, nos convertía en especiales a los que teníamos la oportunidad de estar allí, alejados del tumulto, de la grandiosidad que acabábamos de cruzar hacía solo unos instantes. Quizás esa sea su magia, saber estar.
Desde entonces, llevo pensando toda mi vida que a cada uno de nosotros nos espera un Sausalito, un hueco especial que ocupar en esta vida, en la nuestra, en la de los demás, en el mundo. A veces estamos demasiado ocupados buscando en el tumulto, en el ritmo de vida que se nos quiere imponer o que nos toca pasar, y no encontramos el lugar, pero seguro que está ahi, tan cerca, tan sencillo, tan bonito, tan especial. Seguro que muchas veces estamos en Sausalito sin saberlo, porque si algo hay que aprender en esta vida es a hacer que lo que te toque se convierta en Sausalito. Todos tenemos que saber encajar en nuestro hueco, eso nos hará tener luz casi sin saberlo.
Silvia. Escrito en Mayo del 2007.
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